Las abejas endulzan el sector de la bioeconomía en Colombia

Dic 12, 2017

Publicado en: Actualidad, Producción, Responsabilidad Social y Ambiental

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“Cerca a Melgar Tolima, Juan José Ricardo tuvo una infancia muy dulce. Su papá aprendió por los años sesenta de los sacerdotes salesianos quienes sabían de la importancia de las abejas, a sostener un apiario. Él observaba como estas colmenas estaban unidas a huertas frondosas. Desde muy niño acompañaba con los trajes de protección de la época a su padre para aprender el oficio, tuvo una niñez saludable y tranquila junto a sus ocho hermanos en la que nunca faltó la miel. Soñaba con tener una finca en la que pudiera tener sus polinizadores tal como lo hizo su padre. Juan José, consolidó su empresa familiar Apiarios El Pinar, que ya lleva 24 años con sus productos en el mercado. Inició en un garaje y gracias a su amor, la tenacidad de Fanny Molina, su esposa, la participación como beneficiario y ahora como investigador en las convocatorias de Colciencias y a la gran ayuda de la Universidad Nacional, lograron este año poner en marcha el primer laboratorio de Colombia especializado en el control de calidad de productos de las abejas instalado en una empresa. Pero éste es un resultado que ha implicado años de investigación y esfuerzos integrados.

Lo que ofrece la apicultura
La empresa Apiarios El Pinar es la prueba del éxito de la combinación de la ciencia, la innovación, el desarrollo tecnológico, la academia y el conocimiento ancestral. El país necesita forjar un nuevo conocimiento enfocado en el aprovechamiento de oportunidades existentes según las condiciones del territorio colombiano, con las tendencias de los mercados modernos y las oportunidades que brindan las abejas. Con la miel y el polen Colombia puede impulsar muchas actividades en el campo y lograr acceder a mercados altamente especializados.
A finales de 2011 se dio inicio a un Programa de investigación (conformado por tres proyectos simultáneos) financiado por Colciencias, que fue formulado con base en la integración de científicos de la Universidad Nacional de Colombia y organizaciones de apicultores-caficultores de la Sierra Nevada de Santa Marta. También participó una empresa productora de polen de Viracachá (Boyacá) y otra empresa productora y comercializadora (Apiarios El Pinar). El propósito fundamental fue establecer estrategias para generar valor en los productos de las abejas, aprovechando la experiencia de los apicultores, los avances científicos y las particularidades de Colombia, en especial su biodiversidad. Uno de los proyectos del programa contó con la participación de la Red Ecolsierra y Apisierra, organizaciones de productores de la Sierra Nevada de Santa Marta, buscó aprovechar el gran avance de que tiene la producción orgánica de café en esa región, que implica por lo tanto la supervivencia de las abejas y la producción de una miel especial que identifica tanto la región como el cafetal.
El segundo proyecto se llevó a cabo en la zona de Viracachá (Boyacá), caracterizada por los altos volúmenes de producción de polen apícola debido a la flora típica de la región y a condiciones geográficas especiales, sobre todo la radiación solar. Este proyecto permitió establecer la primera planta piloto productora de polen apícola, para que su calidad sea óptima y sus costos energéticos de producción sean mínimos.
El tercer proyecto consideró generar tecnologías adecuadas para la producción y conservación de mieles de abejas sin aguijón, gracias a la gran diversidad y posibilidades que tienen estos insectos y a la posibilidad que tienen de ser manejadas por todos los integrantes de la familia.
Fortalezas de Colombia y el papel de la academia
La líder de este proyecto es Marta Cecilia Quicazán, profesora, con estudios de pregrado en ingeniería química, maestría de ciencia y tecnología de alimentos y doctorado en ingeniería química de la Universidad Nacional. La profesora Quicazán aportó su conocimiento con mucha dedicación, para fortalecer al agro colombiano. Ella, en compañía de sus estudiantes de pregrado, maestría y doctorado dirigió el programa de investigación con la idea de aplicar criterios de calidad muy estrictos a los productos de las abejas que son destinados a la alimentación humana, de manera que se puedan posicionar en el mercado nacional e internacional. La higiene, el conocimiento de la composición química, física, sensorial y nutricional, la conservación y el ahorro energético, se tomaron como conceptos orientadores de la investigación.
Colombia posee grandes fortalezas que al ser integradas a la academia con un enfoque en la productividad y el mejoramiento de las condiciones sociales, pueden convertirse en nuevas oportunidades para identificar y destacar a nivel mundial. Por una parte, el café de Colombia que ya es reconocido, constituye una base de estudio: Todo lo que se produce en estos cafetales tiene grandes posibilidades, sobre todo en el caso en que los cafetales de una zona tienen certificación orgánica. El altiplano cundiboyacense, como aspecto especial, muestra uno de los índices más altos del mundo en producción de polen apícola, esta ventaja merece explotarse de una manera adecuada. Por otra parte, recuperar las especies de abejas que eran empleadas por los nativos, antes del descubrimiento de América, que son polinizadoras y que además no pican, plantea un horizonte muy amplio y único.
La profesora Quicazán había trabajado con Constantino Mantilla, uno de los grandes expertos de abejas que tuvo el país, en un laboratorio de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, dónde estudiaban estos insectos. También fue de gran ayuda que el Ministerio de Agricultura diera subsidios para los estudios iniciales y de esa forma se vinculó al gobierno, la academia y los campesinos con el firme objetivo de investigar logrando un impacto social, ambiental y económico. Italia dio su cuota con un soporte científico y tecnológico que permitió mejorar los laboratorios del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional.
La profesora Marta resalta que el polen es el futuro de Cundinamarca y Boyacá, zonas que tienen un alto nivel de producción de polen apícola, porque es un producto que tiene proteínas, muchos antioxidantes, nutrientes y lípidos, pero lo mas importante es que se produce sin contaminar absolutamente nada por su origen orgánico. Esta doctora en ingeniería química resalta que la crisis industrial y económica del país, fundamentalmente se debe afrontar volviendo al campo e invirtiendo muchos esfuerzos en destacar y cualificar las fortalezas propias de Colombia, o sea productos como el café, el aguacate, la uchuva y demás, merecen proyectos para generar valor y mucho más si son orgánicos. Todos los esfuerzos se deben enfocar a la producción que no deteriore el aire, el agua y el suelo. Si Colombia logra que sus productos sean de origen sano no solamente mejorará la salud de los campesinos, sino que las oportunidades comerciales derivadas de la biodiversidad se evidenciarán internacionalmente. Sumado a que se logre demostrar un comercio justo, que el dinero le llegue a la familia del campesino. Sólo el campo puede salvar a este país a través de su biodiversidad pero preservándola. “

 

 

 

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